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sábado, 9 de enero de 2010

Fria

Y en sus ojos vi la maldad, y en su maldad me vi a mi, como un espejo incandescente en una gélida noche de enero.
Mis manos se hielan bajo la cobija y tu no estas, mientras mis dientes castañetean intento susurrar tu nombre a la nada, la única que logra escuchare estos días.
Como un recuerdo fugaz apareces a cada minuto de paz que no logro encontrar, te escabulles entre mis ideas y abrasas a mis inseguridad es, después como la noche sucede al día te vas y no hay ningún rastro viviente de tu existencia.
Si te amo pero cuantas noches frías podrá soportar ese sentimiento que como yo, yace fría y temblorosa bajo la cobija.

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