Las horas se arrastrar alargando la dolorosa monotonía de un
día azul y brillante, pestañeo inquieta cegada por el sol del mediodía,
asfixiante como el humo de un escape defectuoso.
¿Cómo se mide el amor al prójimo? ¿Cuantos mensajes vale una
amistad? ¿Cuántas horas de charla un noviazgo? ¿Cuántas noches en vela un
corazón roto?
La brisa de la disipan te mañana me arranca un suspiro
haciéndome pensar en todas las palabras, que, sin tener la culpa me han dañado,
filosas y retumbantes de la boca de amigos y extraños, pretendientes y
compañeros; palabras sin razón existente. Fría, Indiferente, hipócrita; duelen
tanto como pensar “solo me acerque a ti con otras intenciones y ahora al no
obtener lo que quise me voy reclamando pues, obviamente, es tu culpa que no
puedas amarme”.
¿Acaso no sonrió y lloro como todos los demás? Aun así soy
indiferente y con corazón de hielo.
Se creería que después de escucharlo tantas veces me
molestaría menos. Sí, me suplican que cure su soledad, que le dé luz a sus días
y calor a su espacio pero… ¿Quién me curara a mi?
Los pretendientes desdichados son solo una manera de hacerte
sentir miserable y cruel.
El amor es como la energía, como la vida misma, se contrae y
expande; inplota y se transjiversa; nunca se destruye; se posesiona de cuerpos a
veces similares, a veces ficticios; tiene mas rosters que dios.
No es racional, no puedes intimidarlo o escapar, es tan
sutil como un ferrocarril a toda
velocidad soplando su silbato un lunes por la mañana.
Recargo mi frente en el escritorio, uniforme y plano. Sin
calor corporal, sin respiración o pulso. Acaso ¿así se siente mi pecho cuando
se recargan sobre él? Tieso, duro y sin forma.
Pasan su tiempo endulzando palabras para describirme y ante
el primer rechazo me convierten en un mueble gris sin luz ni gracia. Un
recipiente vacio.
Yo también quiero amar y ser amada, quiero que ambos nos
complementemos. Quiero ser reparada.
Pienso en retroceso y noto que sonrió más últimamente, aun
siento infelicidad eso no ha cambiado, solo… no me queda nada más. Solo puedo sonreír.
Ante todas las cosas quiero ser fuerte.

