Me dices que me amas, empujándome cada vez mas lejos de ti, forzando tus
sentimientos una y otra vez sobre mi piel como si lacerándola con tu dulzura te
colaras en mi corriente sanguínea infectando a mi corazón.
Mis palabras se quiebran en un aire tenso y frio donde lo que pienso no
tiene relevancia pues mi corazón palpitante es acusado de indiferencia.
Secos mis labios se parten, cansados de escapar de los tuyos que insistentes
y precarios con desesperación y nuevos bríos intentan posarse. Me devoraras algún
día de eso no tengo duda, ese es el destino de los amantes, ser consumidos y
despojados de sí.
Seria mas fácil si no te amara, si pudiera desterrarte y olvidar incluso tu
nombre, obedecer a mi naturaleza cruel de mujer descorazonada y empezar de
nuevo en los brazos cálidos e inexpertos de alguien mas, quien no conozca mis
recovecos y cosquillas; que no haya contado mil veces las pecas de mi nariz o
tenga memorizado el mapa de la bóveda celeste de mis cicatrices.
Alguien ingenuo sin edad, ni rostro, aroma o color; alguien invisible aun
para mí.
Olvídame, arrójame al baúl de tus recuerdos y secretos, ocúltame de la luz,
niega que alguna vez me miraste y como cualquier otro objeto sin importancia,
deshazte de mi una vez que acumule suficiente polvo.
El polvo de tus desvelos y frustraciones; de tu acumulo de emociones
perdidas y obsequios devueltos; la desesperación.

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