
Fuentes de chocolate inundan mi palacio, mientras mis invisibles sirvientes se encargan de mis orquídeas.
Aun que el carmín de la mañana baña sus espejados pisos siempre prefiero pensar que su rojizo resplandor no solo es sangre si no la piscina de donde se creo el mundo. Donde algún día regresaremos.
Si cuido de sus puertas y me baño en sus tinas doradas, duermo en sus negras camas de ceda y bebo vino desde sus diamantadas copas de cristal.
Pero no soy su dueña, no poseo este hermoso palacio de escaleras sin fin y jardines secretos, no soy dueña de estos murales incomparables o de estas ciénagas esculpidas.
Pero aun así le amo como el mismo dios ama a sus hijos prodigos, como amaba a lucifer y como decía amar a Jesús.
Las religiones y los cleros me causan jaqueca por eso prefiero simplemente mencionar nuestras ideologías como cambios de parecer.
Pero debo admitir que cunado un vestido negro de ceda cae sobe mi piel desnuda es verdaderamente celestial.
Perdona me padre pues e pecado, aun no estoy lista para morir ni cambiar mis modos, pues en la muerte yo no nesecitare de ningún guia para ir a donde desee o para quedarme en pie.
Que el mundo avance, yo seguiré esperando en mi palacio, que no es mi palacio, con mis jardines, que no son mis jardines y mis sirvientes invisibles para quien no existe otro dios mas que yo
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