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jueves, 18 de febrero de 2010

El Sur.

Otro día frió, no llueve pero la humedad llega hasta el hueso, así es en el sur, no te deja olvidar que existe dentro de ti, ya sea colándose hasta el hueso, o empapándote con roció siempre esta presente, en la caricia de las olas en el malecón o el sereno de las madrugadas. Así pasan los días en el sur.
Con mujeres hermosas que olvidan tu nombre cuando te vas y marineros que cada vez regresan menos y niegan el haber nacido aquí.
Esta no es ciudad y no es campo, abrasados por el agua y cubiertos por monte a la espalda de las montañas, donde no llega el ruido y nunca se esta en calma.
Aquí es donde se esconde la verdad de como se vive, de historias de amor sin final feliz y de sueños rotos que convergen en otras vidas para nunca hacerse realidad, donde lo prohibido tiene un sabor casi dulce y solo deja amargos lamentos una vez que ha terminado.
Fue en esta ciudad donde decidí , que si era posible, podría dejar de escapar de su brisa salada, de donde mis hermanos al primer intento, escaparon hacia el norte y hacia el centro, donde no abrasan las aguas el cuerpo y se puede respirar sin ahogarse. A la capital y a la frontera, cada ciudad con su encanto, cada ciudad vivida diferente.
Un ingeniero y una mujer aun por ser forjada por un titulo. Que les espera lejos de estas aguas, lejos de estos montes, lejos de estas historias de mujeres olvidadizas y amores aun por ocurrir, que sera de mi que me quede atrás y e empape de sur hasta las entrañas.
Miro a las holas, que aun que lejos y fuera de mi vista, siento que me llaman, casi puedo oír su voz contándome su historia de dioses huastecos, de indios y de españoles, de franceses y de pólvora.
Generaciones por nacer y tecnología por inventarse, mas tierra por ser robada y vendida al norte.
Podre ver eso, o también, las inciertas brisas del mar me llevaran a otro lugar, donde el sur no se empape y no tenga este olor salado que se carga por acá.
El ruido de la lluvia ya sesa y aún que aun no aclara se ve un arco iris de luna, de esos que nada mas en madrugada se ven , cuando la lluvia no arrecia y se puede voltear hacia arriba.
Son estos momentos donde ni el ruido de la ciudad ni la calma del campo interrumpen, sin demaciadas estrellas, pero con algunas, Orión coronando nuestras constelaciones de todo el año y la osa menor por siempre intentando alcanzar a su madre que siempre se mantiene al margen de las nubes.
Aun que nunca vea nuevo cielos ni me coronen diferentes constelaciones y por siempre me abrasen las aguas, puedo respirar tranquila, pues aun que el sur apriete no ahoga.
Todavía falta el mañana, cuando por fin vea lo que fue de mi y de esta brisa traviesa que no de de jalar mi mano en dirección al malecón, donde las pierdas sufren el golpe de las olas y aun que nunca respondan, los niños de siempre les dicen adiós a los barcos, que nunca regresaran.

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