Otro
día frió, no llueve pero la humedad llega hasta el hueso,
así es en el sur, no te deja olvidar que existe dentro de ti, ya sea
colándose hasta el hueso, o
empapándote con
roció siempre esta presente, en la caricia de las olas en el
malecón o el sereno de las madrugadas.
Así pasan los
días en el sur.
Con mujeres hermosas que olvidan tu nombre cuando te vas y marineros que cada vez regresan menos y niegan el
haber nacido
aquí.
Esta no es ciudad y no es campo, abrasados por el agua y cubiertos por monte a la espalda de las montañas, donde no llega el ruido y nunca se esta en calma.
Aquí es donde se esconde la verdad de como se vive, de historias de amor sin final feliz y de sueños rotos que convergen en otras vidas para
nunca hacerse
realidad, donde lo prohibido tiene un sabor casi dulce y solo deja amargos lamentos una vez que ha terminado.
Fue en esta ciudad donde
decidí , que si era posible,
podría dejar de escapar de su brisa salada, de donde mis hermanos al primer intento, escaparon hacia el norte y hacia el centro, donde no abrasan las aguas el cuerpo y se puede respirar sin ahogarse. A la capital y a la frontera, cada ciudad con su encanto, cada ciudad vivida diferente.
Un ingeniero y una mujer aun por ser forjada por un titulo. Que les espera lejos de estas aguas, lejos de estos montes, lejos de estas historias de mujeres
olvidadizas y amores aun por ocurrir, que sera de mi que me quede
atrás y e empape de sur hasta las entrañas.
Miro a las holas, q
ue aun que lejos y fuera de mi vista, siento que me llaman, casi
puedo oír su voz
contándome su historia de dioses
huastecos, de indios y de españoles, de franceses y de
pólvora.
Generaciones por nacer y
tecnología por inventarse, mas tierra por ser robada y vendida al norte.
Podre ver
eso, o
también, las inciertas brisas del mar me llevaran a otro lugar, donde el sur no se empape y no tenga este olor salado que se carga por
acá.
El ruido de la lluvia ya
sesa y
aún que aun no
aclara se ve un
arco iris de luna, de esos que
nada mas en madrugada se ven , cuando la lluvia no arrecia y se puede voltear hacia arriba.
Son estos momentos donde ni
el ruido de la ciudad ni la calma del campo interrumpen, sin
demaciadas estrellas, pero
con algunas,
Orión coronando
nuestras constelaciones de todo el año y la osa menor por siempre intentando alcanzar a su madre que siempre se mantiene al margen de las nubes.
Aun que nunca vea nuevo cielos ni me coronen diferentes
constelaciones y por siempre me abrasen las aguas, puedo respirar tranquila, pues aun que el sur apriete no ahoga.
Todavía falta el mañana,
cuando por fin vea
lo que fue de mi y de esta brisa traviesa que no de de jalar mi mano en
dirección al
malecón, donde las pierdas sufren el golpe de las olas y aun que nunca respondan, los niños de siempre les dicen
adiós a los barcos, que nunca regresaran.