No me hables de amor, que las palabras suenan mas vacías con
cada silaba, tus apostrofes se pierden por la paráfrasis de las promesas que
repites frenética mente, esperando convencerte más a ti mismo de tu pureza que
a quine dices estar en tu corazón.
Te has corrompido por los años de desvelo que he pasado a
los pies de tu cama, mientras drenabas mi energía vital a saciedad creyendo que
nunca me ausentaría de tu lado. El día ha llegado y debes despertar de tu coma,
el cual ha llevado a tu cuerpo y alma al deterioro, no queda nada más para mí
en estas tierras áridas olvidadas por la mano de dios. Solo quiero ponerme de
pie y seguir caminando.
Te aferras a mis piernas bloqueándome el paso, dejando todo
tu piso anclándose en el suelo, en un baile lento y arrítmico intento escapar
mientras me tropiezas con tus suplicas y lloriqueos que no hacen más que
alimentar mi ira contenida.
Solo quiero ver hacia adelante mientras me fuerzas a virar
la cabeza creyendo que a lo lejos no notare las gritas del camino, no recordare
como cada tropiezo inútil me hizo sentir, lo ciega que he estado todo este
cuarto de vida que hemos pasado juntos, es como si la gravedad me atrajera
tumbándome de rodillas, no dejando que me suelte de tu abrazo enfermizo que no
puede más que conducirme a las lagrimas.
Siempre termino en lagrimas, mi frágil fuerza no debe
confundirse con indecisión pues es solo la necesidad de actuar lo que me
mantiene respirando el momento que logro soltarme de tu agarre.
Al ´principio mi único temor era que nunca pudiera amarte
tanto como tú me amabas, ahora me doy cuenta que todo ese tiempo el que no
podía alcanzarme eras tú.
Espero que algún día tanto tú como yo podamos volver a ser
felices y lanzo una triste e ilógica plegaria al cielo desenado que en otro
cuarto de vida podamos encontrarnos y como los amigos que alguna vez fuimos
reírnos de las grietas que nunca desaparecen.

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