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miércoles, 8 de agosto de 2012

Mi cuerpo


Las tempestades de mi mente parecen calmarse solo en la solitud de mi cuerpo, frio e inmóvil tendido sobre una cama poco suave, me acurruco sobre mi misma, queriendo encontrar esa paz que solo llega de madrugada.
Respiro y el gélido aire me retorna a los calambres de mis extremidades y al ardor de mi garganta, aprieto los ojos manténganse cerrados solo un poco mas, aun no despiertes.
Todo se vuelve borroso, uniéndose en una mancha gris y fría alrededor de la cual parece girar la realidad. Es increíblemente inconsistente, la diferencia entre lo que me molesta y lo que no.
No parece lógica la manera en la cual paso de la tristeza a la alegría y a la desesperación absoluta.
Permanezco con los ojos cerrados y no parece existir el tiempo, solo el frio, el frio que se cuela bajo las sabanas y se instala permanentemente en mi piel, bajo la cual se acobija mi verdadero cuerpo, el que nadie puede tocar, tan inconsistente como mi humor. Pero nadie puede tocarlo este cuerpo real que es solo mío. Mis curvas y desniveles, cicatrices e imperfecciones, cada rincón cada sombra, ese es mi reino, mi sueño dentro de un sueño. Ese es mi verdadero yo.
Mientras la luz se cuela entre la disipan te madrugada puedo ver como esas curvas se deforman, los colores cambian, lunares aparecen y desaparecen en total caos y desaparezco. Mi cuerpo, mi hogar no existe y debo comenzar el día.   

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